Existen personas que marcan nuestras vidas en diferentes épocas o periodos de nuestra existencia, para mí una de esas personas fue definitivamente mi tía Cecilia.

Tuve la suerte de viajar constantemente cada vacaciones a Venezuela, mi mamá siempre encontraba la mínima oportunidad para agarrar un avión y visitar a la familia, nuestro destino siempre era uno solo, calle Carabobo, urbanización La Candelaria, ciudad de Maracay en el estado Aragua, ese era como el centro de operación donde se planeaban todos los paseos a playas, ríos y a otras ciudades de Venezuela.

En Venezuela la época de escuela es diferente que en Panamá pero como los viajes los hacíamos para fines de año, todos de algún modo siempre tenían tiempo para hacer algo diferente o divertido.

La casa de tía Cecilia era como un hotel, siempre lleno de gente, primos y primas, los hijos e hijas de esos primos, las vecinas que pasaban a saludar, amigos de la familia y no puedo dejar de mencionar el corral con gallinas en el fondo de la casa, estanque con tortugas y un par de loros habladores. Algunos años después la casa la remodelaron y todos los animales se fueron.

En la calle Carabobo vivian muchos niños de mi edad así que junto a mi primo 2do. nos la pasábamos jugando beisbol, futbol, chapita, trompo, canica, yoyo y todo juego que nos inventáramos, de los amigos que siempre jugabamos estaban Ramón, Darwin, el Chino, Uslar (mi primo) y otros 5 o 6 niños que era la gallada de la calle.

Tia Cecilia era la hermana mayor de mi mamá, siempre tuvieron una relación muy estrecha y recuerdo que tía nos visitó varias veces en Panamá, la siguiente foto fue en una de sus visitas a nuestra casa.

Las Fiestas de Navidad y Año Nuevo

El lugar para estas celebraciones era ni mas ni menos que la casa de Tía Cecilia, todo se preparaba con días de antelación. Recuerdo que mis primas ayudaban a limpiar la casa, pulían el piso de cemento con una pulidora gigante que parecía y sonaba como un monstruo giratorio.

La preparación de las cenas era como un ritual, la cocina al fondo de la casa llena de gente, todos ayudando a preparar la hallacas, el jamón, el pavo y todos los acompañamientos, el pan con jamón era mi preferido pero creo que lo comprábamos en la panadería que estaba en la entrada de la urbanización.

Los traqui-traqui, los silvadores y los volcanes eran los fuegos artificiales que usabamos, aunque a tía Cecilia no le gustaba mucho esa vaina y de vez en cuando nos cortaba la inspiración. En las fiestas lo que escuchábamos era salsa, merengue, joropo y las gaitas.

Era tanta diversión y cosas buenas que sucedían en esa casa que era uno de mis lugares favoritos.

Yo era muy niño en ese tiempo para entablar conversaciones profundas con alguien pero tía Cecilia fue la que me enseño a cuidar y darle de comer a la gallinas y a los pollitos, a recoger lo huevos, a quitar el agua de la entrada de la casa con el haragán, a rayar el queso blanco para comer las arepas en las mañanas, a colar el café, limpiar la jaula de los loros y llenar los tanques de agua para poder bañarnos.

Recuerdo que la ayudaba a poner el toca discos para que escuchara sus clases, Tía Cecilia no sabía escribir pero aprendió por mérito propio a través de clases por discos de acetato, libros y cuadernos de práctica, sin embargo eso no le impidió sacar a sus hijos adelante con mucho tesón y orgullo.

Cosas que nunca podré olvidar de Tía Cecilia y su casa: sus historias de cuando era niña con alguna anécdota, los pinos en el porche de la casa, el radio toca discos, el candado en el teléfono, los escaparates, la cortinas como puertas de los cuartos, el cesped del estacionamiento, las cenas donde tomábamos Pepsi, los desayunos con arepa, huevos y queso rayado, el café con leche, las hamacas, los loros, el piso de cemento pulido y muchos otros recuerdos que tengo bien guardado en la memoria.

Fui creciendo y los viajes a Venezuela fueron cada vez menos, el contacto con mi tía fue cada vez menor y en los últimos años solo me enteraba de ella a través de lo que compartían los primos Uslar y Andreína.

Estoy seguro que tía Cecilia ahora esta en un lugar feliz donde se ha reunido con sus hijos Orlando y Pedrito, con la abuela Norberta, con tío Pedro y con su querida hermana Petra.

Tía Cecilia nos dejó en la noche temprana del 21 de noviembre, sus hijos Hortencia, Carmen, Magali, Rubén y Andrés, a sus nietos y bisnietos y a toda una familia la tendrá siempre en nuestros corazones, se fue tranquila desde su cama.

Hoy me levante escuchando joropo por ti, hoy me hiciste recordar una época hermosa de mi vida, vuela alto mi querida tía Cecilia, te quiero mucho y dale un abrazo a la vieja de mi parte.

El recuerdo de tía Cecilia vivirá por siempre mientras la recordemos con amor.